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No sé si todos tendrán tanta comunicación con su pájaro carpintero interno como yo… pero seguramente más de una vez en nuestras vidas nos guardamos cosas que queremos decir y sentimos que no las podemos decir. Será que no las decimos por miedo a incomodar a otro, quedar mal o aparentar desubicado? Será que lo que tengo para decir es muy hiriente? Será q me conviene decírselo???

Son esos momentos en los que me cuestiono -o nos cuestionamos, mejor dicho- si realmente vale la pena juntar el la áspera efervescencia  del secreto en medio del estómago o, tal vez, esa confesión que envenena los pensamientos y me queda atragantada al punto de no poder hablar, no poder emitir sonidos.

Sin dudas, el poder curativo de la palabra -como diría algún psicoanalista o psicólogo fanático de la verbalización- hace su efecto cuando dejamos salir esa flota de acusaciones, esa manada de aves salvajes que se transforman en frases liberadoras, que quitan el peso del container de acusaciones y malestares guardados y atragantados.

Ellos salen en forma de verdades, en forma de confesiones que incomodan a quien las escucha pero dan tanto placer al que las dice, al que se libera, al que empieza a destruir el nudo que ataba la lengua viperina que quería hacerse presente y decir q ese vestido no era el adecuado, que tal o cual cosa no te gustó, que no soportás al otro… Es taaan placentero liberar ese peso, ese veneno, ese malestar…

Quizás, muchos de nosotros no nos permitamos sacar frecuentemente esa parte honesta y bruta, pero nadie puede negar el placer de sacarse un peso de encima, de dejar en el otro el peso de la incomodidad de la verdad q no quiere ser escuchada…

Y vos qué estás esperando para sacar esa honestidad brutal ?

Laurita

Brutalmente honesta…😛